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Michael Cox: “Putin subestimó las sanciones económicas cuando atacó Ucrania”

Ciencias Sociales Publicado el 19/10/2022

Michael Cox y Jeffrey Chwieroth participaron en el debate online ‘La inflación y la crisis del coste de la vida’, que pudo seguirse a través del canal de TV de la Fundación Ramón Areces.

Madrid. 19 de octubre de 2022.  Michael Cox, fundador de LSE IDEAs, un ‘think thank’ de la London School of Economics (LSE), ha afirmado que “Putin subestimó las sanciones económicas cuando inició la invasión de Ucrania”. Cox ha intervenido en un nuevo debate online organizado por la Fundación Ramón Areces y la LSE para analizar ‘La inflación y la crisis del coste de la vida’. “De repente, hemos recibido un triple golpe en los precios: en los alimentos, en la vivienda y en las facturas de la energía”. “Vamos a asistir a un aumento de la militancia laboral. Ya lo estamos viendo en el Reino Unido y creo que vamos a asistir a un periodo de mayor inestabilidad política en términos más generales, porque estamos ante una tormenta perfecta”. “El trasfondo para muchas personas hoy en día es un empeoramiento de la situación económica, que creo que también tendrá consecuencias políticas”, ha añadido.

Sobre geopolítica y relaciones internacionales, Cox ha explicado que Estados Unidos no esperaba que Arabia Saudí decidiera reducir la producción de petróleo para así intentar contener los precios del barril de crudo. “Los saudíes y otros países no han jugado de la manera que a los estadounidenses les hubiera gustado. Putin, que subestimó las sanciones económicas cuando inició la invasión de Ucrania, se alegra de esa situación, quiere que los precios de la energía sigan en aumento como medida de presión. Quiere seguir presionando con la energía como arma a Occidente para que así esos países empujen a Ucrania a hacer cesiones en sus territorios”. Ha añadido Cox que es cierto que “Occidente se ha unido, pero en una era en la que el dinero está caro, en una era en la que China ya no está jugando el papel que ha venido jugando como motor de la economía mundial y en una era en la que los grandes poderes están más en conflicto que en cooperación”.

"El trasfondo para muchas personas hoy en día es un empeoramiento de la situación económica, que creo que también tendrá consecuencias políticas" 

Por su parte, Jeffrey Chwieroth, profesor de economía política internacional de la London School of Economics (LSE), ha recordado cómo “cuando en 2014 Putin se anexionó Crimea, los bancos tomaron buena nota de la situación y fueron reduciendo su dependencia o exposición a Rusia”. “En cambio, los Gobiernos occidentales perdieron aquella oportunidad. Prefirieron seguir dependiendo de la energía que les suministraba Rusia, más fácil y barata, para no poner en riesgo sus resultados en las próximas elecciones”. “Estamos recibiendo el legado de la Sra. Merkel en Alemania y su incapacidad para hacer algo adecuado con respecto a Alemania y la vulnerabilidad de Europa en términos más generales a este tipo de presiones. Estaba claro que esto iba a suceder. Esa es parte de la razón por la que estamos en estas circunstancias ahora”, ha añadido en referencia a las altas tasas de inflación y a las continuas subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales.

Chwieroth ha reconocido que contener esas subidas de precios no va a ser tarea fácil ahora para los gobiernos y las instituciones económicas. Y ha recordado, entre las causas, que también seguimos sufriendo los efectos de la pandemia en China. “La política de Covid cero que están aplicando, que conlleva el cierre de zonas enteras, también con sus fábricas y plantas de producción, sigue generando tensiones y cuellos de botella en la producción de determinados bienes. Y a eso tenemos que sumar el enorme peso de la guerra en Ucrania sobre la inflación, porque Ucrania y Rusia son importantes no solo en términos de energía -petróleo y gas- sino también de alimentos, cereales…”. Ha recordado este profesor de economía y relaciones internacionales de la LSE que más allá de esos bienes básicos, “Occidente también depende de Rusia para obtener por ejemplo níquel y paladio, que son fundamentales para la fabricación de los motores y de las baterías”. Y ha reiterado que “el corte paulatino del gas de Rusia a Europa va a afectar cada vez más a los europeos”.

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